lunes, 28 de enero de 2013


2.3. Autores:

Durante este período, encontramos varios autores de renombre, pero el más famoso de todos ellos y los dos que mejor representan a este período, ya que fueron los precursores de sus movimientos literarios, son Luís de Góngora y Francisco Quevedo.


2.3.1. Luís de Góngora


2.3.1.1. Vida y biografía:

Su nombre completo es Luís de Góngora y Argote.

Nacido el 11 de julio de 1561, en Córdoba en la antigua calle Las Pavas, en casa de su tío Francisco de Góngora. Hijo del juez don Francisco de Argote y de la dama de la nobleza Leonor de Góngora.

Fue un poeta y dramaturgo español que data del Siglo de Oro, y fue el máximo exponente de la corriente literaria conocida como Culteranismo. Debido a que él llegó a ser el máximo exponente en esta corriente literaria, el culteranismo se llegó incluso a denominar y conocer, también por el nombre de Gongorismo.

Estudió en Salamanca y fue canónigo beneficiado de la catedral cordobesa, donde fue amonestado varias veces por no cumplir con sus deberes como canónigo y acudir a diversiones profanas, así como componer versos satíricos.

A partir de 1589, a la edad de 28 años, empezó a viajar a diversas comisiones de su cabildo. Viajó a Navarra, León, Andalucía, Madrid, Granada, Jaén,  Cuenca y Toledo. En esa época de viajes compuso varios sonetos, romances, letrillas satíricas i líricas. Y algunos músicos como Diego Gómez o Gabriel Díaz, lo buscaban para poder musicalizar sus obras.

Regresó a Córdoba en 1609 y a partir de ahí, empezó a darle a sus poemas una mayor intensidad de la tensión estética y de barroquismo.

En 1611 escribió Oda a la toma de Larache y dos años después escribió Polifemo, la cual obra fue tratada por su coterráneo Luís Carrillo y Sotomayor en su Fábula de Acis y Galatea. Ese mismo año escribió su más famoso poema: Soledades.  Lo divulgó en la Corte. A partir de ahí, este poema causó un gran impacto en muchos autores, debido a su tono oscuro y de afectación. Le creó muchos seguidores, los llamados poetas culteranos. Pero también le creó enemigos conceptistas, entre ellos Francisco Quevedo, y algunos clasicistas como Lope de Vega.

Con toda esa oleada de seguidores y enemigos su figura aún se empapó más de prestigio. Tanto fue ese prestigió que adquirió que Felipe III lo llegó a nombrar capellán real en 1917. Por ello vivió en la Corte hasta 1926. En esos años se arruinó intentando conseguir cargos y prebendas para todos sus familiares. En 1927 perdió la memoria y regresó a Córdoba. Allí murió de una apoplejía a los 65 años de edad sumido en la extrema pobreza. El día que murió fue el 23 de mayo de 1927.

El pintor Diego Velázquez lo retrató. Y con ese retrato es por el que mejor se le reconoce hoy en día.

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